lunes, 30 de diciembre de 2013

Las damas primero.

Es maravilloso ver como en un ambiente público priman la educación, las buenas maneras, pero por sobre todo ese sentido de proteger al prójimo, ese sentir que el bien ajeno repercute en la propia satisfacción.


El transporte abarrotado de gente, ingresa una damisela en estado de embarazo, el caballero  que de manera casi imperceptible cae en un coma profundo, la joven doncella que voltea elegantemente su rostro hacia la ventana y mira hacia el estrellado firmamento.  Yo que gentil y delicadamente, cual gacela, me desplazo entre  un mar de envoltorios y  valijas para conceder mi lugar a la damisela; la sexagenaria señora y la refinada oficinista que se precipitan sobre la silla, golpeando con sus delgados cuerpos el delicado vientre de la damisela.


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