Es
maravilloso ver como en un ambiente público priman la educación, las buenas
maneras, pero por sobre todo ese sentido de proteger al prójimo, ese sentir que
el bien ajeno repercute en la propia satisfacción.
El
transporte abarrotado de gente, ingresa una damisela en estado de embarazo, el
caballero que de manera casi imperceptible
cae en un coma profundo, la joven doncella que voltea elegantemente su rostro
hacia la ventana y mira hacia el estrellado firmamento. Yo que gentil y delicadamente, cual gacela,
me desplazo entre un mar de envoltorios y valijas
para conceder mi lugar a la damisela; la sexagenaria señora y la refinada
oficinista que se precipitan sobre la silla, golpeando con sus delgados cuerpos
el delicado vientre de la damisela.

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