lunes, 30 de diciembre de 2013

Las damas primero.

Es maravilloso ver como en un ambiente público priman la educación, las buenas maneras, pero por sobre todo ese sentido de proteger al prójimo, ese sentir que el bien ajeno repercute en la propia satisfacción.


El transporte abarrotado de gente, ingresa una damisela en estado de embarazo, el caballero  que de manera casi imperceptible cae en un coma profundo, la joven doncella que voltea elegantemente su rostro hacia la ventana y mira hacia el estrellado firmamento.  Yo que gentil y delicadamente, cual gacela, me desplazo entre  un mar de envoltorios y  valijas para conceder mi lugar a la damisela; la sexagenaria señora y la refinada oficinista que se precipitan sobre la silla, golpeando con sus delgados cuerpos el delicado vientre de la damisela.


lunes, 16 de enero de 2012

Año nuevo con sabor


31 de diciembre, una agradable noche en clima cálido, el cielo despejado, con muchas más estrellas de las que se observan hoy día en la ciudad, fue en una pequeña finca, al lado de la piscina en una especie de salón abierto, en una mesa jugando un juego de cartas con una de mis cuñadas y con mis pequeñas sobrinas, quienes se encuentran en esa curiosa edad en la que del todo no se es niño, pero se está lejos de ser un adulto; esa edad en la que uno se preocupa por mucho y por nada; edad en la que los comentarios inocentes y despreocupados empiezan a encontrar murallas.

 Un computador conectado a unos potentes bafles que no sonaban del todo bien, repetía insistentemente música tropical de los años 60’s y 70’s del siglo pasado; y que para mis pequeñas sobrinas resultaba tan distante, extraña e ininteligible como una señal anómala en el SETI.  Cuando la tanda musical emitida por el  computador portátil se acercaba a su clímax de aburrimiento y cuando la calidad de aquel sonido empezaba a descender en picada, no muy lejos hacia su aparición uno de esos personajes típicos de las festividades colombianas, que podríamos denominar “el sabrosura”.

“El sabrosura” es aquel tipo con una ebriedad acumulativa la cuál se ha mimetizado con su personalidad; es el típico personaje entre los 40 y 60 años, que se caracteriza entre otras cosas porque en tierra caliente gusta de andar sin camisa para mostrar su bronceado de rana platanera, de piel tendiendo a roja cuando “el sabrosura”  es oriundo de climas fríos; o que muestra su incipiente pelo en pecho cuando “el sabrosura”  es oriundo de climas cálidos.  “El sabrosura” es aquel tipo que con un par de cervezas se transforma en un “chévere-agresivo” que piensa que aún tiene 20 años; que como máximo gesto de bondad es capaz de regalar a los niños un paquete de papas o una Colombiana, nunca los dos; y cuyo objetivo principal, considera él, es mantener prendida la rumba, pues se ve a si mismo como el alma de la fiesta.

Como era de esperase “el sabrosura” cerveza Poker en mano se hizo cargo del sonido del computador y con un torpe movimiento de manos logró hacer que el computador portátil emitiera a través los bafles un ensordecedor estruendo, seguido por una canción de pastor lopez.  Al escuchar aquella estridencia, las niñas con aquel desdén propio de los comentarios juveniles, soltaron un ¡huy que horrible! Y en ese momento “El sabrosura” en un valeroso intento por mantener el ambiente propio de las festividades dijo, con todo su espíritu “chévere-agresivo”, “¡ME IMPORTA UN CULO SI ESTÁ HORRIBLE, PERO ESTAMOS EN NAVIDAD!”






martes, 10 de enero de 2012

50 de justicia


De nuevo me subo a un bus después de una larga jornada de trabajo, pago de con un billete de dos mil pesos el pasaje del bus que cuesta 1450 pesos.  Muy amablemente el joven ayudante del joven conductor me dice “disculpe no tiene 50 pesos y le doy 600 de cambio, es que no tengo monedas de 50” en vista de su amabilidad le dije “tranquilo”, y el joven muy amablemente me devolvió 500 pesos. Una calle más adelante se sube una muchacha, y el joven ayudante, de nuevo de la manera más cortes, le dice “disculpe niña no tiene 50 pesos y le doy 100, es que no tengo monedas de 50”; ella esboza una sonrisa y le dice “tranquilo dejé así”.  Dos calles más adelante se sube un señor de aproximadamente 60 años su  ropa, su piel y su cabello llenos de residuos de cemento y pintura; de nuevo el joven ayudante con su acostumbrada cortesía le dice al señor que si no tiene 50 pesos pues él se quedó sin monedas de 50,  el señor haciendo levemente un gesto de inconformidad le dice “tranquilo amigo deje así”.  Varias calles atravesamos en el bus, y  muchas veces el cortés y cándido joven recibió los 50 pesos de los pasajeros porque infortunadamente se encontraba sin monedas de 50.

El bus se detiene y lo aborda un hombre de aproximadamente 30 años, joven, con su vestido de paño negro a rayas, una camisa blanca, y una corbata roja con unas finas líneas negras en diagonal, el cabello “engominado” a pesar de lo entrado de la tarde y una actitud muy “educada”, sin lugar a dudas todo un oficinista.

Nuestro joven amigo, el ayudante del bus le dice con su acostumbrada cortesía “¿vecino no tiene los 50 y le doy 600?, es que no tengo monedas de 50”.  El oficinista con una sonrisa de amabilidad le dice “¿y por qué no me da mejor 500 y deja los 50 a mi favor?”.  El ayudante, abriendo los ojos como dos enormes platos y con toda su incredulidad dice “¿QUÉ?”, el oficinista con una actitud muy calmada y paciente le explica, “si, mire, yo no le doy los 50 y usted en vez de darme los 550 que me corresponden, me entrega 600 pues  se encuentra sin monedas de 50”; -no, no, no, responde el ayudante, “deme los 50 y yo le doy 600”.  A lo que el oficinista indignado responde, “mejor devuélvame la plata y yo me bajo acá”

Cambiando completamente su rostro y desvaneciendo totalmente su amabilidad, el ayudante empieza a alzar la voz “HAY NO PUES, QUIEN LO VE TODO BIEN VESTIDO, TAN ELEGANTE Y TAN MISERABLE, ¿se va a pelear por 50 lichigos pesos” , “Nooooooo es que si hay gente muy miserable”; y mirando a los pasajeros dice “entre mejor se visten más porquerías, no, no, no, y lo peor es que por miserables 50 pesos, nooooooo”

En la siguiente calle se sube una señora y el ayudante con toda la amabilidad le dice “mona, ¿no tiene 50 pesos? Es que me quedé sin monedas…”



domingo, 8 de enero de 2012

Los buenos modales


Esta es una historia real, le sucedió al amigo de un amigo…

Empezaba la noche, camino a casa después de un largo día de trabajo, hacia el final de la hora con mayor tráfico en la ciudad de Bogotá.  En el inmenso mar de buses del centro, logró ver uno abarrotado que se dirige hacia mi destino y contra todas las leyes de la física logro ingresar al vehículo.  Pasa una eterna hora y el avance es poco, el bus sigue atascado en el tráfico, el estrés se apodera de los pasajeros y los acostumbrados comentarios exasperantes no se hacen esperar más.

Minutos después de la eterna hora por fin se logra superar el trancón (tráfico), el conductor del bus acelera intentando recuperar tiempo, los pasajeros que llegan a su destino timbran insistentemente pero el conductor decide dejarlos donde a él le provoca, los pasajeros al bajar muchas calles más allá de su destino injurian al conductor, quien obviamente corresponde con palabras de mayor calibre; no sin recibir de algunos pasajeros el acostumbrado golpe furioso encima de la puerta o en el techo del bus, acompañado de un sentimental “¡HIJUEPUTA!”

De pronto Pacho, el protagonista de nuestra historia, tan estresado como los demás pasajeros,  empieza a timbrar pues se acerca a su destino.  De nuevo el conductor hace caso omiso y decide seguir acelerando.
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  • Pacho (gritando desesperado): ¡OIGA SEÑOR PARE! ¡POR ACÁ!
  • Conductor: …
  • Pacho (más desesperado): ¡OIGA SEÑOR PARE, PARE! ¡O ES QUE ME VA A LLEVAR HASTA DONDE SU MADREEEE!
  • Conductor: ¡PUES SI!
  • Pacho: ¡Entonces pare por aquí y le compramos un pan!




sábado, 26 de noviembre de 2011

Los considerados somos más


Colombia es una tierra de gente comprometida con el trabajo propio y con la labor de los demás, es una tierra de gente cortés y educada, donde nos vemos unos a otros como iguales con respeto y tolerancia.



Este blog tiene como propósito hablar de todas esas pequeñas y maravillosas historias de nuestro diario vivir, llenas de humanidad, y que nos hacen preguntarnos por que nuestro país atraviesa estas situaciones tan duras, si definitivamente… en Colombia los buenos somos más.