Esta
es una historia real, le sucedió al amigo de un amigo…
Empezaba
la noche, camino a casa después de un largo día de trabajo, hacia el final de
la hora con mayor tráfico en la ciudad de Bogotá. En el inmenso mar de buses del centro, logró
ver uno abarrotado que se dirige hacia mi destino y contra todas las leyes de
la física logro ingresar al vehículo.
Pasa una eterna hora y el avance es poco, el bus sigue atascado en el
tráfico, el estrés se apodera de los pasajeros y los acostumbrados comentarios
exasperantes no se hacen esperar más.
Minutos
después de la eterna hora por fin se logra superar el trancón (tráfico), el conductor
del bus acelera intentando recuperar tiempo, los pasajeros que llegan a su
destino timbran insistentemente pero el conductor decide dejarlos donde a él le
provoca, los pasajeros al bajar muchas calles más allá de su destino injurian
al conductor, quien obviamente corresponde con palabras de mayor calibre; no
sin recibir de algunos pasajeros el acostumbrado golpe furioso encima de la
puerta o en el techo del bus, acompañado de un sentimental “¡HIJUEPUTA!”
De pronto
Pacho, el protagonista de nuestra historia, tan estresado como los demás
pasajeros, empieza a timbrar pues se
acerca a su destino. De nuevo el
conductor hace caso omiso y decide seguir acelerando.
-
- Pacho (gritando desesperado): ¡OIGA SEÑOR PARE! ¡POR ACÁ!
- Conductor: …
- Pacho (más desesperado): ¡OIGA SEÑOR PARE, PARE! ¡O ES QUE ME VA A LLEVAR HASTA DONDE SU MADREEEE!
- Conductor: ¡PUES SI!
- Pacho: ¡Entonces pare por aquí y le compramos un pan!

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