lunes, 16 de enero de 2012

Año nuevo con sabor


31 de diciembre, una agradable noche en clima cálido, el cielo despejado, con muchas más estrellas de las que se observan hoy día en la ciudad, fue en una pequeña finca, al lado de la piscina en una especie de salón abierto, en una mesa jugando un juego de cartas con una de mis cuñadas y con mis pequeñas sobrinas, quienes se encuentran en esa curiosa edad en la que del todo no se es niño, pero se está lejos de ser un adulto; esa edad en la que uno se preocupa por mucho y por nada; edad en la que los comentarios inocentes y despreocupados empiezan a encontrar murallas.

 Un computador conectado a unos potentes bafles que no sonaban del todo bien, repetía insistentemente música tropical de los años 60’s y 70’s del siglo pasado; y que para mis pequeñas sobrinas resultaba tan distante, extraña e ininteligible como una señal anómala en el SETI.  Cuando la tanda musical emitida por el  computador portátil se acercaba a su clímax de aburrimiento y cuando la calidad de aquel sonido empezaba a descender en picada, no muy lejos hacia su aparición uno de esos personajes típicos de las festividades colombianas, que podríamos denominar “el sabrosura”.

“El sabrosura” es aquel tipo con una ebriedad acumulativa la cuál se ha mimetizado con su personalidad; es el típico personaje entre los 40 y 60 años, que se caracteriza entre otras cosas porque en tierra caliente gusta de andar sin camisa para mostrar su bronceado de rana platanera, de piel tendiendo a roja cuando “el sabrosura”  es oriundo de climas fríos; o que muestra su incipiente pelo en pecho cuando “el sabrosura”  es oriundo de climas cálidos.  “El sabrosura” es aquel tipo que con un par de cervezas se transforma en un “chévere-agresivo” que piensa que aún tiene 20 años; que como máximo gesto de bondad es capaz de regalar a los niños un paquete de papas o una Colombiana, nunca los dos; y cuyo objetivo principal, considera él, es mantener prendida la rumba, pues se ve a si mismo como el alma de la fiesta.

Como era de esperase “el sabrosura” cerveza Poker en mano se hizo cargo del sonido del computador y con un torpe movimiento de manos logró hacer que el computador portátil emitiera a través los bafles un ensordecedor estruendo, seguido por una canción de pastor lopez.  Al escuchar aquella estridencia, las niñas con aquel desdén propio de los comentarios juveniles, soltaron un ¡huy que horrible! Y en ese momento “El sabrosura” en un valeroso intento por mantener el ambiente propio de las festividades dijo, con todo su espíritu “chévere-agresivo”, “¡ME IMPORTA UN CULO SI ESTÁ HORRIBLE, PERO ESTAMOS EN NAVIDAD!”






1 comentario:

  1. la decadencia de occidente en su mas fina expresion...!!...YO...

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